Radio CRE

El anuncio oficial de la Organización Mundial de la Salud de que el COVID-19 es una pandemia se corrió como un reguero de pólvora que desencadenó una reacción inmediata de casi todos los Gobiernos, instituciones y organismos internacionales, los cuales se apresuraron en suspender sus actividades.

Las redes sociales se inundaron con los comunicados y avisos a los ciudadanos, usuarios o aficionados de los distintos organismos y que tendrá consecuencias previsibles, pero que son muy necesarias por el bien común sobre el particular que intenta aplicarle un cerco a la enfermedad para aislar y encontrar la vacuna que remedie este terrible mal.

Entre las instituciones que emitieron avisos está la imperturbable FIFA, que solo se conmovió por el escándalo Fifa-Gate, que inició un proceso de autodepuración, suspendió el inicio de las eliminatorias. Cosa parecida ocurrió con los torneos de la Conmebol, la Copa Libertadores, la Copa Sudamericana, campeonatos regionales nacionales y locales; y la LigaPro decidió jugar la quinta fecha sin público y luego suspenderla.

La NBA, la MLS, NHL cerraron sus actividades. La MLB canceló el resto de juegos de pretemporada y por lo menos las dos primeras semanas de la competencia oficial que estaba previsto su inicio para el jueves 26 de marzo; también fueron suspendidos los juegos clasificatorios para los Juegos Olímpicos y para el Clásico Mundial.

Ni las dos guerras mundiales detuvieron las Grandes Ligas. Solo una ocasión cerró su estadio por la huelga de jugadores el 12 de agosto de 1994 por falta de acuerdo entre los dueños de los equipos y el sindicato de jugadores que intentaban evitar una inflación y querían ponerle tope a los salarios que derivó en la cancelación de los juegos restantes de la temporada regular, los playoff y la Serie Mundial de ese año. Solo regresaron a la mesa de diálogos por pedido del presidente de aquel entonces Bill Clinton.

Entre las muy pocas actividades que se desarrollaron el pasado jueves, fue la ceremonia del encendido del fuego, uno de los actos más sublimes del Movimiento Olímpico, que se realiza antes de los juegos. Fue sin la presencia de público, pero lleno de inmenso valor histórico, pues recuerda lo que ocurría cada cuatro años en Olimpia, sede de los antiguos juegos.

El evento empieza con la izada de las banderas de Grecia, Comité Olímpico Internacional y del país anfitrión en este caso de Japón, un coro de niños y jóvenes interpretan el himno olímpico, que esta vez por las restricciones no estuvieron presentes.

Este rito se lo ejecuta tal cual en las épocas pasadas en la Grecia Antigua, por hermosas mujeres simulando las diosas griegas vestidas con túnicas, cumplieron con la ceremonia utilizando una especie de espejo parabólico que atrapa y captura los rayos del ‘Astro Rey’ y que genera una llama que prende una antorcha posteriormente trasladada al templo de la diosa Hera.

El fuego es pasado a otro pebetero para iniciar su recorrido hasta entrar al estadio olímpico de Tokio el mismo 24 de julio, a la hora exacta de cuando se está cumpliendo con la ceremonia de apertura; siempre llevado en los últimos tramos y hasta el pebetero por destacados y simbólicos deportistas de la ciudad sede y permanecerá encendida durante todo el desarrollo de los juegos.

La llama invoca la leyenda de Prometeo, quien era uno de los titanes de la mitología griega que arrebató el fuego a los dioses para entregarlo como uno de los valores positivos a los seres humanos.

Esta vez fue encendida por la actriz Xanthi Georgiou, seleccionada por el Comité Helénico para que represente a la Suma Sacerdotisa de Olimpia, y entregó la antorcha a la atleta griega Anna Korakaki, medallista de oro en Tiro en los juegos de Río 2016; su primer relevo fue la fondista japonesa Mizuki Noguchi, oro en Atenas 2004. En una semana, la antorcha recorrerá distintos lugares de Grecia, pasará por el estadio Panathinaicó, continuará hasta llegar justo con la apertura.

Esta tradición se inició en 1936 en la apertura de los Juegos de Berlín, cuando el comité organizador presidido por Carl Diem rescató la idea de hacer un relevo del fuego por medio de antorchas para rematar y llegar en el estadio llamado Berliner Olympiastadion, en el que se utilizaron 3840 antorchas en los 3187 kilómetros entre la cuna de los Olímpico y Berlín. Desde entonces se extendió esta bella tradición para el resto de las citas deportivas.

Entendemos que la ceremonia se realizó con la viva esperanza de que cuando llegue la fecha fijada para la apertura de los juegos ya se haya superado la emergencia médica mundial.

Esperemos que el fuego sagrado purifique nuestras almas y en especial de los grandes líderes mundiales para poder convivir con algo de paz, soñar con un futuro mejor y encontrar en el deporte y en sus juegos milenarios una tregua olímpica duradera, que nos permitan vivir en paz en una sociedad más justa, fundamentada en principios y valores.

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