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Emilio Lozoya, director general de la petrolera estatal mexicana Pemex durante la Administración de Enrique Peña Nieto y uno de los principales señalados por la trama de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht, ha sido detenido este miércoles a primera hora de la mañana en Benahavís (Málaga) por la policía a petición de la Fiscalía mexicana. El arresto se produjo en una urbanización de lujo en la que Lozoya se ocultaba y que prácticamente no abandonaba. La detención se produjo en una de esas escasas salidas. Fuentes policiales señalan que no opuso resistencia.

La detención del exdirectivo de Pemex se produce a petición de la Fiscalía mexicana, que el pasado mes de mayo lanzó una orden de detención internacional tras conocerse su fuga. Las sospechas apuntaban a que Lozoya podía haber recalado primero en Alemania para, después, viajar a España. A comienzos de 2020, la Policía Nacional recogió los primeros indicios de que, efectivamente, podía ocultarse en España, aunque su “alto poder adquisitivo y sus lazos internacionales complicaban su localización”, detalló ayer el Ministerio del Interior en una nota.

La investigación se centró en la urbanización de lujo de La Zagaleta, cercana a Marbella, en una de cuyas villas supuestamente se ocultaba con identidad falsa. La detención se retrasó porque el exdirector de Pemex pasaba los días sin salir de la urbanización. Finalmente, Lozoya fue localizado en la mañana de este miércoles al abandonar La Zagaleta en un vehículo que había acudido a recogerlo. Poco después, el automóvil era interceptado y él, detenido por agentes del Grupo de Localización de Fugitivos Internacionales y de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO).

El exdirectivo de Pemex comparecerá este jueves ante el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, encargado del procedimiento de extradición. Lozoya está acusado de fraude a gran escala y corrupción durante 2012 y 2013. Según la documentación remitida a España, el antiguo director de la petrolera presuntamente adjudicó contratos públicos a cambio de sobornos millonarios. Las autoridades mexicanas cifran el fraude en 280 millones de dolares (257 millones de euros). Lozoya ya había sido inhabilitado para ocupar cargos públicos durante 10 años en su país.

La detención de Lozoya es un golpe al corazón de la anterior Administración mexicana, presidida por Peña Nieto, de quien Lozoya era uno de sus hombres de confianza. El exdirector de Pemex era una persona muy próxima al último canciller de Peña Nieto, Luis Videgaray, y fue considerado uno de los chicos de oro del entonces gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI).

El caso de Lozoya es distinto en un sexenio golpeado por numerosos casos de corrupción, en la medida en que supuso que el escándalo de Odebrecht se comenzaba a abrir paso en México, que no se había visto afectado hasta entonces por el vendaval que ha sacudido a otros países de América Latina. En el caso del exdirector de Pemex, tres exdirectivos de la constructora brasileña aseguraron que Lozoya recibió más de 10 millones de dólares en sobornos para ayudar en la firma de contratos. Además de la investigación por la que la Fiscalía lanzó la órden de detención que ha dado con su arresto en España, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) tiene abiertas dos carpetas de investigación más contra el exdirector de Pemex.

Las delaciones corresponden a funcionarios de la constructora —Luis Alberto de Meneses, Luiz Mameri e Hilberto da Silva— que accedieron a colaborar con la justicia para obtener beneficios en sus penas. Una reconstrucción realizada por la justicia brasileña a partir de los testimonios jurados de los tres inculpados y de decenas de documentos —copias de las transferencias electrónicas, órdenes de pago de los bancos, vídeos…—  ha constatado que el nombre de Lozoya aparece vinculado a diversas operaciones.

Los documentos y testimonios apuntaban que Lozoya solicitó y recibió 4,1 millones de dólares entre abril y noviembre de 2012, es decir, durante y después de la campaña electoral de las presidenciales mexicanas de ese año. Según se desprende del material, los responsables de Odebrecht aseguran que ese pago era una manera de asegurarse el favor de alguien que por aquel entonces se consolidaba por su cercanía al expresidente Peña Nieto. Lozoya participó en el área internacional de la campaña del candidato priísta. Lozoya aseguró en repetidas ocasiones que no había evidencias en su contra. “Niego categóricamente mi participación en estos hechos”, insistió después de conocerse las acusaciones de soborno.

El paradero de Lozoya era un misterio, circunstancia que comenzaba a salpicar al actual Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, a quien le han llovido críticas por no haber hecho nada para avanzar en las investigaciones contra Lozoya. “Si están prófugos, van las autoridades competentes a procurar detenerlos, esa es una función de la Fiscalía General”, afirmó el pasado año López Obrador. “Yo no tengo problema de conciencia ni en este ni en otros casos porque no protejo a nadie.

Cuando se trata de un acto de corrupción ni a mi familia voy a proteger; ya lo he dicho, no tengo compromisos, al contrario. Nosotros no permitimos la corrupción, ni la impunidad, que nosotros no vamos a ser tapadera de nadie y que no se van a autorizar negocios ilícitos desde la presidencia de la república”, añadió durante una de sus conferencias matutinas, en las que se defendió de las críticas: “Lo que no se puede decir es que no los detienen porque nosotros los protegemos, ¡Eso no, eso es una vil mentira!

Si se llegara a pensar sobre él que existe la misma impunidad de siempre. No, son otros asuntos y no vamos a permitir la impunidad en ninguno de los casos”.

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