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Después de una noche electoral de infarto y un escrutinio inédito por la igualdad, habrá que esperar que la Corte Electoral examine todos los votos para anunciar el nombre del vencedor de las presidenciales uruguayas. Con el 100% escrutado, el resultado es un empate técnico con una leve ventaja para el líder de la coalición de derecha, Luis Lacalle Pou, que ha sacado 28.666 votos más que su rival, Daniel Martínez. El margen es tan estrecho que habrá que contar todos los sufragios de nuevo, lo que podría alargarse hasta el jueves.

Ha sido un vuelco totalmente inesperado, ya que hace 48 horas todos los sondeos le daban una amplia ventaja a Lacalle Pou frente al candidato del Frente Amplio. Es pronto para buscar explicaciones, pero se especula con un voto oculto a favor de la izquierda y del posible impacto de un vídeo del general Manini Ríos jefe de filas del partido de extrema derecha Cabildo Abierto, que violó el jueves la veda electoral con un mensaje a los soldados pidiéndoles su voto. Otro factor que se señala es una movilización de los uruguayos del exterior, que fueron a votar este domingo de forma masiva. En cualquier caso, los festejos se han interrumpido en la sede del partido de Lacalle Pou, del Partido Nacional (PN), y todo el país está a la espera.

Los sondeos publicados la semana antes de la votación le atribuían entre cinco y ocho puntos de ventaja a la coalición de derechas, con una cifra de indecisos que rondaba el 6%, lo que parecía indicar que acabaría con 15 años de Gobierno del izquierdista Frente Amplio. Por bien que resulten los comicios a Martínez, la izquierda, que obtuvo tres mayorías parlamentarias consecutivas hasta estas presidenciales, puede lamentarse por haber perdido numerosos votantes desde las elecciones de 2014.

La creación de una coalición en torno al líder del Partido Nacional, Lacalle Pou, parecía el factor determinante para el vuelco político. Con el 28% de los votos en la primera vuelta, el PN logró sumar al otro partido tradicional de Uruguay, el Partido Colorado, con el 12% de los votos, y a Cabildo Abierto, con el 10%, formación creada este año por el general Ríos, una versión uruguaya de Bolsonaro, que ha defendido a los torturadores de la dictadura uruguaya (1973-1984) y es abiertamente homófoba y antifeminista. La coalición también ha tenido el apoyo de varios partidos pequeños del arco conservador.

Luis Lacalle Pou, de 46 años de edad, es un experimentado parlamentario —fue diputado a los 20 años— y ya se presentó en 2014 a las presidenciales por su partido, elección que perdió frente al actual presidente, Tabaré Vázquez. El domingo acudió a votar y afirmó que, en caso de victoria, no dará a conocer el nombre de sus eventuales ministros. Así, se mantendrá una de las principales incógnitas de estos comicios: la articulación y los equilibrios de poder dentro de la coalición de derechas. Aunque existe un programa común de esos partidos, redactado justo después de la primera vuelta, subsisten interrogantes sobre el contenido de las medidas que podrán en marcha.

La ambición de Lacalle Pou y sus socios es revertir numerosas políticas del Frente Amplio en temas clave como la economía, la educación, la seguridad ciudadana o las políticas sociales. Sin embargo, la coalición ha señalado que no anulará la llamada “agenda de derechos” implementada por la izquierda, que incluye leyes como la despenalización del aborto, el matrimonio homosexual, la legalización de la marihuana y la protección de las personas trans.

Daniel Martínez, candidato del Frente Amplio, es un ingeniero socialista de 62 años que ha propuesto un programa continuista, con el foco en mejorar las políticas públicas de su partido que han convertido a Uruguay en el país con menos pobreza y desigualdad de América Latina. Martínez tiene la dura tarea de organizar el relevo de las tres grandes figuras de la izquierda uruguaya que se van retirando por razones de edad: el expresidente José Mujica, el actual mandatario, Tabaré Vázquez, y el ministro de economía, Danilo Astori.

El Frente Amplio sufre el desgaste de tres mandatos consecutivos en el poder, las cifras de inseguridad y algunos escándalos de corrupción que provocaron, entre otras consecuencias, la dimisión del exvicepresidente Raúl Sendic. La formación esperaba atraer en estos comicios a sectores del centro asustados por Cabildo Abierto o que desconfiaran de la propuesta programática de la coalición de derecha.

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