Radio CRE

En el tránsito por la vida terrenal hay personas que desde las tareas que les tocó ejercer dejaron huellas imborrables que quedarán marcadas para siempre. En mi hermosa tarea de 30 años como entrenador deportivo, tuve la fortuna de trabajar con excelentes dirigentes con quienes sintonizamos en la importancia y utilidad de la práctica del deporte organizado.

Entendimos que más allá de los resultados de un juego o de torneo, aspectos que en ocasiones son circunstanciales y en otras producto del trabajo planificado y sistemático, hay principios y valores que deben prevalecer. Tuve la fortuna de encontrarme con dirigentes que no solo entendían bien el deporte, sino que practicaban con el ejemplo. Estaban convencidos de que el deporte es una fragua en donde se forja el carácter y se aprende a trabajar en equipo, ser solidario, a tener respeto y a regirse por una disciplina que servirá en la vida diaria, lo que hará correctos ciudadanos.

Enumerar todos aquellos con quienes estuve muy cerca será materia de otro momento. Esta vez quiero referirme a Armando Baquerizo Carbo, que falleció hace muy pocos días. Junto con Daniel Cañizares, Rodrigo Andrade, Pedro Vélez y otros entusiastas formaron el equipo de béisbol Los Ceibos, el primer campeón de la Liga Miraflores. Con el paso de las temporadas se convirtieron en tricampeones de la categoría juvenil.

Armando Baquerizo, junto con su esposa, Margarita Barriga, inculcó a todos sus hijos el interés por la práctica de los deportes para complementar la formación que recibían en el hogar. La enorme cantidad de familiares y amigos que llegaron hasta la despedida demostró de manera exacta el grado de aprecio, consideración y estima que sentían por Armando Baquerizo, tanta que quisieron acompañarlo hasta su morada final.

Nos saludábamos en los eventos culturales y charlas en la ciudad. Una de las últimas veces que nos vimos fue en uno de los encuentros que periódicamente organiza Diario EL UNIVERSO. Me honró con su amistad y me concedió el honor de su asistencia en el lanzamiento del libro Días de Gloria del Béisbol Ecuatoriano, escrito por este columnista. Asistió con su primogénito Andrés Baquerizo, actual vicepresidente ejecutivo de finanzas del Banco del Pacífico, quien en su niñez y juventud recorrió todas las categorías formativas, ascendió con gran suceso a primera y fue varias ocasiones integrante de la selección nacional de béisbol.

Guardo en la memoria muy claras todas las ocasiones en que conversábamos sobre distintos temas del deporte y de su amado club Los Ceibos. Sus opiniones reforzaron y cimentaron mis conceptos sobre valor moral de los deportes.

Pedro Turner Bejarano fue un muy buen pelotero en sus años juveniles. Con el paso del tiempo regresó al béisbol como padre de familia y le dedicó mucho tiempo a ver crecer y jugar a su hijo, Pedro Turner Santos. En cierta ocasión, Pedro estaba dando una charla de bateo a los jugadores juveniles de Cardenales. Justo cuando pasaba por el lugar y aproveché para indicarles a sus pupilos que quien les explicaba algunos secretos del arte de batear había sido un tremendo pelotero.

Pocos días antes de fallecer había asumido la tarea de ser mánager del equipo de primera división de los Pájaros Rojos y concurría a la Liga Miraflores a cumplir esta función. Fue la última vez que lo hizo.

Luis Atocha era administrador del estadio Yeyo Úraga, junto con el recordado Manuel Mora, desde cuando ese escenario era una construcción de madera. Era un celoso cuidador de estas instalaciones. Estuvo más de 50 años en el principal estadio pelotero de Ecuador y fue testigo de los años de gloria de torneos locales e internacionales.

Sus hijos fueron niños muy felices, privilegiados, pues crecieron, jugaron y disfrutaron en medio las amplias áreas del campo de béisbol. Todos los que llegaron como dirigentes de clubes y selecciones tenían que tratar con Lucho Atocha. Severo y duro con los horarios de entrenamientos, no tenía complicaciones en levantarse en las madrugadas para regar el campo. En alguna oportunidad se presentó una emergencia con un árbitro que no llegó al estadio y sin problemas se instaló como juez de la tercera base. Así de multifacético y útil fue Luis Atocha que también pagó tributo y dejó la vida terrenal.

Fueron cuatro personajes del béisbol porteño que dejaron huellas imborrables y grandes lecciones, muchos principios, valores y ejemplos.

A Francisco Santelli, Armando Baquerizo, Pedro Turner Bejarano y Luis Atocha los vamos a recordar por siempre.

Esta nota tiene 825 palabras