Radio CRE

Nunca antes, como ahora, fue merecido y preciso el homenaje que la sociedad guayaquileña le tributo el miércoles 31 de julio al doctor Olmedo Arroba Centeno. Justo a tiempo y en el momento acertado se juntaron miembros de distintos sectores de la sociedad para distinguir con acuerdos, condecoraciones, resoluciones y muestras de aprecio al destacado cirujano, deportista y amigo.

El homenaje es justo porque el agasajado ahora atiende algún problema de salud y preciso porque debe tomar acciones quirúrgicas. Arroba también fue justo a la hora de buscar el contacto con su bate para poner a viajar la pelota rumbo a un hit ganador. Y además es preciso en el instante de atrapar y recoger un batazo para dejar out a algún corredor adversario.

También esas virtudes de justeza y precisión las tuvo en los análisis y comentarios de sus programas transmitidos en radio Sucre. Así de versátil, eficaz en todas sus facetas y actividades es Olmedo Arroba. El climatizado auditorio de la clínica Alcívar fue cambiando de temperatura por el calor humano de representantes del Colegio y Federación médica, entidades científicas, connotados y prestigiosos profesionales de la salud, exbeisbolistas, excompañeros del Aguirre Abad, familiares y amigos que asistieron al acto.

Entre los propulsores de este homenaje estuvo el doctor Francisco Plaza, quien detalló de manera sucinta parte de la carrera deportiva de Olmedo Arroba, quien se inició en 1963 en la escuela de béisbol de la Federación Deportiva del Guayas, con sede en el parque Forestal. En aquella época se proclamó campeón juvenil 1964-1965 y 1966, año en el que debutó en primera categoría, con Emelec. Fue seleccionado del Ecuador en el torneo internacional de Lima, en 1966, y campeón Sudamericano en ese año. Jugó el Sudamericano de Sao Paulo 1968, en el que fue elegido el mejor jardinero izquierdo.

También en el Sudamericano de Buenos Aires 1973 y en el Bolivariano de Maracaibo 1970. Fue nombrado Mejor Beisbolista por el Círculo de Periodistas Deportivo del Ecuador 1966, 1975 y 1977 y la revista Estadio lo eligió Mejor Pelotero en 1970.

Olmedo Arroba fue tricampeón con Emelec en 1974, 1975 y 1976. Múltiple campeón con Cardenales 1984 a 1992, con el que fue al Mundial Interclubes 1991, en Mérida, México. Se retiró en 1992.

Estudió en la escuela José Domingo de Santistevan, la secundaria en el Aguirre Abad y Medicina en la Universidad de Guayaquil. Realizó el internado en la clínica Guayaquil. bajo la tutela del doctor Roberto Gilbert Elizalde. Hizo la rural en el Centro de Salud de La Libertad y fue médico residente en el hospital Luis Vernaza, hasta 1981. Logró la beca del Instituto Mexicano de Seguridad Social IMSS con posgrado en Oncología Quirúrgica durante tres años. Hizo una pasantía en el hospital de la Universidad de Harvard, bajo la tutela del doctor Ronald Malt.

Arroba regresó al país en 1984 y fue jefe de Emergencia y cirujano oncólogo en el hospital Guayaquil Dr. Abel Gilbert Pontón por 26 años. En el 2014 se acogió a la jubilación. Además, desde 1991 es parte del staff de la clínica Alcívar. Ha sido miembro activo de varias sociedades científicas del país y del exterior. Está casado con la máster en educación Mariana Ortega Rodríguez; sus hijos son Adrián, Mario Enrique y Juan Javier Arroba Ortega.

Fue condecorado por el Congreso Nacional y nombrado médico del año del hospital Guayaquil en el 2011. El Municipio porteño le entregó un pergamino con un acuerdo en el que destaca y reconoce su ejemplar trayectoria profesional y científica. Jorge Tolozano, en representación del Aguirre Abad, le entregó un botón porque fue gran ejemplo en el camino que muchos siguieron con orgullo.

Olmedo Arroba rompió el mito aquel de que los estudiantes no podían hacer deporte y demostró que perfectamente se pueden combinar estas dos actividades. Claro que no fue fácil, porque luego de asistir a clases y dedicar muchas horas al estudio, casi nunca faltaba ni a clases ni a los entrenamientos y juegos.

Cuando tenía guardias y había partidos en el Yeyo Úraga, pedía permiso que por lo general le otorgaban. En ocasiones le tocaba jugar el Clásico del Astillero y el jefe de guardia era el doctor Bosco Mendoza, que como todos sabemos fue el médico del equipo de fútbol del Barcelona por muchos años, estuvo a punto de negarle el permiso para evitar que los eléctricos les terminaran ganando a los toreros. Fueron anécdotas que los actores de esos hechos siempre cuentan.

Bonifacio Morán, compañero de mil batallas en el béisbol, campeón sudamericano y compañeros de muchas selecciones nacionales, en su intervención expresó: “Dirijo mis palabras al hermano y amigo, porque ese es el espacio que te has ganado en el corazón de tus compañeros que por más de 50 años compartimos momentos de gloria dentro y fuera del país, donde demostraste tus grandes virtudes como deportista y amigo”.

“Al entregar esta placa llamo a los beisbolistas presentes, pero antes pido disculpas por romper la solemnidad de este acto, para acercarnos a nuestro hermano Olmedo Arroba y dar un grito de aliento tal como lo hacíamos antes de cada juego para contagiarlo de valor y coraje, que le sirvan para seguir luchando por la vida”, dijo Morán.

Fue un grito que salió del alma y que se escuchó por todos los costados del edificio en uno de los momentos más vibrantes de la noche, tal cual un partido de béisbol cuando cayó el último out en el Yeyo Úraga.

Al final regresamos a casa con el deber cumplido de apoyar y aplaudir al médico, amigo, compañero del deporte.

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