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Buenos Aires – El expresidente argentino Fernando de la Rúa ha muerto a los 81 años, víctima de un cuadro cardiovascular del que no pudo recuperarse. El político se encontró mal el pasado 1 de enero, luego de la reunión familiar de Nochevieja. Su corazón estaba muy deteriorado y había sufrido un infarto en mayo, último episodio de una larga serie de incidentes que se inició durante su presidencia, hace 20 años.

Los problemas cardíacos aquejaron a De la Rúa desde que ocupaba la presidencia. Tras dos angioplastias y otras intervenciones en años recientes, había quedado internado el primer día de 2019 por una infección respiratoria que agravó sus dolencias cardiovasculares previas.

“Lamento el fallecimiento del expresidente Fernando de la Rúa. Su trayectoria democrática merece el reconocimiento de todos los argentinos. Acompañamos a su familia en este momento”, anunció el presidente Mauricio Macri a través de su cuenta de Twitter.

La agencia estatal Télam reportó que la causa de su muerte obedeció a un agravamiento de sus dolencias coronarias y renales.

De la Rúa no pasará a la historia como él hubiese deseado. Los argentinos lo recordarán como el artífice de la peor crisis de económica de la historia reciente de Argentina y el protagonista de su foto más emblemática: la del helicóptero despegando desde la terraza de la Casa Rosada, la tarde del 20 de diciembre de 2001.

La carrera política de De la Rúa fue la tradicional. Se recibió de abogado luego de cursar el secundario en el Liceo Militar de Córdoba, provincia donde había nacido en 1937, y empezó de muy joven a militar en la Unión Cívica Radical (UCR). Tuvo su primer cargo electivo como senador en 1973, durante el tercer Gobierno de Juan Domingo Perón. Tras el golpe militar de marzo de 1976 abandonó la política y trabajó como abogado para grandes empresas. Volvió al Senado en 1983, con el regreso de la democracia, y en 1996 dejó su asiento para convertirse en el primer alcalde de Buenos Aires elegido por el voto popular, gracias a la reforma constitucional que en 1995 pactaron el presidente Carlos Menem (1989-1999) y su predecesor radical, Raúl Alfonsín (1983-1989).

El Gobierno de Buenos Aires fue el trampolín que finalmente lo llevó a la presidencia. De la Rúa ganó las elecciones generales del 24 de octubre de 1999 con el 48,5% de los votos contra el peronista Eduardo Duhalde. Fue clave su alianza con un sector del peronismo que liderado por Carlos Álvarez había roto con el menemismo. Su presidencia estuvo marcada por la crisis económica heredada, fruto del corsé monetario de la convertibilidad del peso con el dólar que había ideado Domingo Cavallo en 1991 para terminar con la hiperinflacón.

La convertibilidad estalló por los aires en 2001 y precipitó el final anticipado del Gobierno de De la Rúa. Fueron tiempos oscuros, con miles de ahorradores quebrados de la noche a la mañana por culpa del corralito bancario impuesto por Cavallo, convocado meses antes por el Gobierno como fallido timonel de tormenta. Para ese entonces, Álvarez había dejado el Ejecutivo y la UCR ya no creía en su líder. En 2002, con la crisis desatada, la pobreza llegó al 54%, el PIB cayó más del 10%, el desempleo rozó el 20% y el valor del peso se evaporó en pocas semanas.

El halo de transparencia que rodeaba al mandatario radical también se quebró en 2000 cuando salió a la luz una investigación periodística que reveló el supuesto pago de sobornos a senadores opositores para la aprobación de una ley de reforma laboral. El escándalo provocó la renuncia del vicepresidente y titular del Senado, Carlos Álvarez, decisión que debilitó a la coalición gobernante.

Todos los caminos de Argentina conducen a la crisis de 2001, que acabó con 38 muertos en las calles y una sucesión de cinco presidentes en dos semanas. De la Rúa murió convencido de que poco pudo hacer para evitar la debacle y sintiéndose víctima de una conspiración interna y externa.

El denominado “corralito” bancario terminó de sellar la suerte del gobierno de De la Rúa, quien presentó la renuncia el 20 de diciembre de 2001 en medio de un estallido social con más de 30 muertos en todo el país.

De la Rúa se retiró de la primera línea de la política tras su renuncia y apenas tuvo apariciones en público. La última fue a finales de noviembre pasado, durante la cumbre de presidentes del G20 que se realizó en Buenos Aires. El expresidente dejó por unas horas el piso que ocupaba en el acomodado barrio de Recoleta, en Buenos Aires, para participar junto con su esposa, Inés Pertiné, de la gala que el Gobierno realizó en el teatro Colón para homenajear a los asistentes a la cumbre. Sus últimos años lo encontraron sumido en el mayor silencio posible, con problemas judiciales derivados de la represión que siguió a las revueltas de 2001 pero siempre convencido de su inocencia.

De la Rúa nunca pudo recuperarse de aquella derrota, que terminó sin remedio con su carrera política. Se encerró entonces en su casa de Buenos Aires, al amparo de su familia, y redujo al mínimo sus apariciones. Murió sin hacer ruido, lejos del bronce.

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