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Nápoles.- El equipo de fútbol italiano, Napolí, se encuentra listo para dar dura batalla contra el racismo dentro del balompié italiano aunque se quede solo para hacerlo desafiando las declaraciones que realizara en Ministro del Interior.

A contrapelo de la opinión del funcionario, que se opone a que los partidos sean interrumpidos frente a situaciones de racismo, el club partenopeo se alineó detrás del DT Carlo Ancelotti en una “cruzada” con escasos aliados.

Perplejidad causaron las palabras de Salvini en Napoli, que respaldó cualquier decisión que adopte el veterano y exitoso entrenador frente a un caso de racismo como el que vivió el franco-senegalés Kalidou Koulibaly en San Siro.

Fue el 26 de diciembre, cuando Inter y Napoli se enfrentaron en el Giuseppe Meazza con triunfo agónico del “nerazzurro” en un partido en el que Koulibaly fue dos veces víctima, pues terminó siendo expulsado.

“Estaba muy nervioso”, reconoció Ancelotti al explicar el gesto del zaguero que derivó en su expulsión por aplaudir irónicamente al árbitro Paolo Silvio Mazzoleni, quien le sacó la segunda tarjeta amarilla tras haberlo amonestarlo y lo mandó a las duchas.

Paradójicamente, Mazzoleni no mostró la misma determinación para suspender el partido pese a que por los altoparlantes del estadio se llamó en tres ocasiones al público a cesar con los coros racistas.

Por esa razón y en función de ese “contraste”, Ancelotti anticipaba esa misma tarde-noche que ante una situación similar a futuro no dudaría en retirar a su equipo de la cancha, aún si esto derivase en una sanción porterior.

A casi dos semanas de aquella jornada bochornosa para el “Calcio” en la que, además, un ultra de Inter falleció tras haber sido atropellado durante una emboscada a fanáticos del Napoli, el debate continúa y se profundiza.

La investigación del crimen avanza a paso firme, al igual que la polémica en torno a qué hacer para poner freno al racismo y la xenofobia en el fútbol, al que todos dicen querer combatir aunque no todos respaldan sus dichos con hechos. Salvini parece ser uno de ellos, pues abiertamente se opuso a la interrupción de un partido frente a hechos de este tipo, aunque su actitud no debería sorprender considerando sus atecedentes y un decreto de ley que él mismo impulsa.

Decreto que prevé endurecer las medidas antiinmigratorias y que generó un abierto rechazo y repudio de parte de alcaldes de ciudades tanto del norte (como Florencia y Milán), como del sur, como Palermo y Nápoles.

“El lenguaje de Salvini es indigno de un ministro del Interior”, se lamentó Luigi De Magistris, alcalde de Nápoles, en referencia al proyecto de ley de seguridad impulsado por el ministro bautizado por algunos como el “Donald Trump italiano”.

El club que es emblema de Nápoles se encolumnó detras del alcalde y rechazó hoy los dichos de Salvini, evaluados con mucha atención por su presidente, Aurelio De Laurentiis, quien se encuentra en Los Angeles por compromisos cinematográficos.

No son pocos los que opinan como el ministro, más allá de la reunión que sostuvieron en la víspera el presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), Gabriele Gravina, y el subsecretario del gobierno Giancarlo Giorgetti.

“Cada uno debe hacer su parte, pero es una pelea de largo aliento”, advirtió Gravina, quien prometió luchar para erradicar la violencia y la discriminación del fútbol al referirse a lo sucedido en San Siro.

Inter también se refirió hoy a aquella vergonzosa jornada y confirmó que no apelará la sanción de dos partidos a puertas cerradas que le aplicaron por la actitud de sus aficionados, de los que se había desmarcado de inmediato.

“Desde su fundación, el 9 de marzo de 1908, Inter significa integración, bienvenida y futuro. Sentimos la obligación de afirmar que quienes no comprendan o acepten nuestra historia, esta historia, no son parte de nosotros”, decía el club.

Hoy, al advertir que no apelará la sanción, solicitó a la FIGC y a la Liga de la Serie A permiso para que se permita el acceso al estadio sólo a los alumnos de sus escuelas de fútbol en el partido que jugará sin público ante Sassuolo.

El secretario general del sindicato de futbolistas italianos (AIC), Damiano Tommasi, se mostró ambiguo al afirmar: “Queremos parar los coros racistas, no los partidos”, aún cuando reconoció que “existen reglas muy claras al respecto”.

La polémica promete nuevos capítulos, más aún cuando Napoli, escolta de Juventus en el campeonato, volverá al ruedo junto con Koulibaly el 26 de enero en el mismo escenario del crimen, pero para enfrentar al Milan, equipo del que es fanático Salvini.

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