Radio CRE

Por Lic. Pedro Cabrera A.

Todo marchaba de manera normal, así como para todos hace un año, aquel sábado 16 de abril del 2016; cada uno en lo suyo y en CRE Satelital cumplíamos la transmisión normal del juego River Ecuador con Fuerza Amarilla en el Cristhian “Chucho” Benítez.

De repente sobre las 18:58 sucedió lo inesperado, el fatídico terremoto que causo tanto terror en diferentes puntos del País; sobremanera a Manabí y Esmeraldas.

Pero que sucedía en los estudios de la radio, ubicados en Boyacá 642 y Padre Solano, en el octavo piso. Un remesón empezó a sacudirnos, poco a poco fue subiendo de intensidad, era como que una fuerza tremenda quería arrancar el edificio de sus cimientos porque se movía de un lado para el otro, los escritorios saltaban, se escuchaba como traqueaban las estructuras del inmueble de manera interminable.

Habíamos pasado, por lo menos unos veinte temblores aquí mismo; pero éste no tiene ni punto de comparación con las otras experiencias por lo largo de su duración, por las formas del movimiento; entre oscilatorio y trepidatorio.

Xavier Farah, Diego Alvarado y este servidor Pedro Cabrera, a los tres nos tocó vivir esta pesadilla y muy despiertos en el piso 8 de CRE Satelital, con una duración, sin exagerar, de casi unos cinco minutos, tomando en consideración el tiempo en el que inició y en el que finalizó aquel tremendo movimiento telúrico.

El hecho de que se vaya el fluido eléctrico complicó mucho más tener comunicación con los compañeros en el estadio para saber de ellos o de nuestras familias o seres queridos, tratábamos de mantener la calma; pero realmente había en cada uno de nosotros el nerviosismo del susto pasado, de la dificultad que significó bajar en plena oscuridad hasta los exteriores y ver paredes cuarteadas, pedazos de paredes desprendidos, vidrios rotos y esparcidos en las veredas, en las calles, la total oscuridad, la tarea casi imposible para tomar un vehículo para regresar a casa, en fin un panorama totalmente tétrico.

Sin embargo la calma fue regresando cuando ya supimos que los compañeros estaban sin novedad y más aún al podernos contactar con nuestras familias; era como que volvía el alma al cuerpo y ya la tierra dejó de temblar y el zangoloteo del octavo piso había cesado; aunque nosotros teníamos el temblequeo en el cuerpo y pasarían después de varios días.

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