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Rafael Guerrero Valenzuela es el creador de la prueba náutica. Esta es la verdad histórica documentada en las múltiples notas periodísticas de los diarios porteños.

Guayaquil mantiene vivas tres tradiciones deportivas que son parte de su historia: la travesía a nado Durán Guayaquil (1923), la regata Guayaquil-Posorja (1940) y el Clásico del Astillero (1948). Antes de la partida, en la madrugada de Viernes Santo, vamos a contar la historia del nacimiento de “la regata”, como se conoce a la prueba en que nuestros bogas unen al puerto principal con el antaño popular balneario posorjeño.

El remo, como deporte, nació en el Ecuador en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se empezaron a fundar los llamados “clubes de botes”, que hacían sus prácticas en el río Guayas, a la altura de Las Peñas. A finales de dicho siglo se hicieron muy populares las competencias durante las fiestas octubrinas, en las que destacaban los duelos entre yolas del Club de la Unión y otras que protagonizaban los miembros del Gremio de Fleteros, criollos musculosos que descargaban mercaderías de los buques surtos en la ría y la llevaban a la orilla con solo la fuerza de sus brazos.

La regata a Posorja tiene dos antecedentes. El primero fue la travesía que protagonizaron en el invierno de 1934 cinco jóvenes del barrio del Astillero en una yola llamada Chalana Astillero, que construyó para ese propósito Humberto Diminich, quien hizo de timonel con los bogas Carlos Luis Jurado Tomalá, Jorge Ayala Núñez, Luis Quintero Robles y Roque Moggia. La historia está contada en un bello libro de Quintero titulado El Astillero, historias lejanas de un barrio noble. Los osados aventureros salieron de Guayaquil a las 08:00 y llegaron a Posorja doce horas después, completamente exhaustos. Al siguiente día tuvieron la audacia de regresar a Guayaquil remando.

El segundo antecedente tuvo como protagonista a otro temerario mozo del Astillero: Raúl Espíndola Coronel. En 1935 decidió solicitar en préstamo al Comodoro Juan Alfredo Wright el bote Dux –de 3,32 metros de largo y 344 libras de peso– para emprender la travesía en solitario hasta Posorja. Partió el 15 de marzo a las 15:00, empujando su bote con canaletes de 2 metros de largo. Remó hasta Puerto Arturo, entrada a Los Callejones, donde llegó a las 23:30. Descansó una hora y emprendió la salida al mar para llegar a Posorja a las 08:15, después de remar casi 17 horas.

La idea de una competencia de yolas hasta Posorja nació de la iniciativa del entonces periodista deportivo de radio El Telégrafo Rafael Guerrero Valenzuela quien, en marzo de 1939, había iniciado junto a Ralph del Campo, Miguel Roque Salcedo, Luis Alcívar Elizalde y Miguel Machuca un programa radial denominado La Hora Deportiva Nacional.

Fue de esa inolvidable emisión radial deportivo que surgió el empeño de realizar la regata y quien la propuso fue Rafael Guerrero Valenzuela como un modo de celebración del primer aniversario del programa. Así lo dejó consignado para la historia Ralph del Campo en las páginas de diario El Telégrafo del 23 de marzo de 1940, en un artículo de su autoría titulado ‘Raid Guayaquil-Posorja: una prueba sensacional’.

En sus primeros párrafos el artículo Del Campo decía, hace 75 años: “Cuando a Rafael Guerrero Valenzuela, de La Hora Deportiva Nacional, se le metió en la cabeza la idea de hacer una regata de Guayaquil a Posorja, muchos fueron los que rechazaron el proyecto sin dar a conocer una razón poderosa capaz de hacernos dudar del éxito de la prueba. Y así, recibiendo de unos el estímulo sincero y de otros el desaliento, se fue tejiendo en forma efectiva los detalles de la prueba, despertando y llamando al interés y entusiasmo de todos los cultores del remo. Poco a poco, lo que al comienzo tenía toda la apariencia de un sueño, fue ganando importancia y aquilatándose con toda justeza dentro del campo de la realidad”.

En la primera semana desde el anuncio de la regata solo tres botes se habían inscrito, pero en la siguiente el registro subió a diez hasta llegar finalmente a 16.

Del Campo dejó constancia en el artículo citado que “El Guayaquil Yacht Club, la Federación Deportiva del Guayas, la Capitanía del Puerto y el buque Presidente Alfaro aceptaron sin rodeo el llamado de La Hora Deportiva Nacional de colaborar en esta gran cruzada cuya finalidad principal consistía en asegurar de hoy en adelante, días de progreso y gloria a un deporte tan valioso, digno por todo concepto de ocupar un lugar preferente dentro del grupo de mayor popularidad y motivación”. La regata ha llegado actualmente a los 75 años.

El 20 de marzo, a las 21:00, a la altura del Yacht Club, con una campana instalada en el muelle de esa entidad, se dio la partida a las 16 yolas. Al amanecer, se avistó desde la playa posorjeña a la primera yola, la del Athletic Club, integrada por Alberto Game Bustamante (timonel), Juan, Mateo, Manuel y Lorenzo Game Peña, la que impuso 9 horas y 23 minutos. Luego arribaron los Tripulantes del Buque Alfaro con 9h26m; Escuela de Medicina, 10h35m; Pilotines del Alfaro con 10h38m.; Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, con 10h56m. y Liga Deportiva Estudiantil, 10h56m. Esta es la verdad histórica y documentada en las múltiples notas periodísticas de los diarios porteños.

Me ha tocado vivir la romántica hora del amateurismo más puro por más de 40 años de acompañar a las yolas en toda la travesía junto a mi inseparable compadre Washington Rivadeneira (River). Aparte de ser una de las regatas más largas del mundo, pues comprende 56 millas marinas (103 km), es, sin duda alguna, la más original y riesgosa.

La tradición manda que se corra en madrugada y amanecer de Viernes Santo. Los primeros tramos de la prueba son en el río Guayas, con marea a favor y luego en contra, para enfilar a la zona llamada de Los Callejones, por donde se cruza del río hacia mar abierto para enfilar a Posorja, donde llegan los bogas luego de remar durante toda la noche.

Las condiciones a veces son imprevisibles. Unas veces la lluvia intensa y la oscuridad, otras el enorme oleaje, los posibles choques con enormes troncos en el río y las averías en la frágil yola son causa de esfuerzos sobrehumanos para avanzar. Ya en mar abierto la incertidumbre es la de escoger la vía para entrar al balneario, lo cual pone al descubierto la pericia del timonel.

La regata es la demostración de la habilidad marinera de la gente costeña, virtud que viene desde el fondo de la historia.

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