Es bueno que en el Ecuador resuene la palabra libertad y nos indigeste la indolencia …que se acepte que ser república y mantenerse como tal es una inexcusable responsabilidad…’.

Xavier Michelena Ayala y Alejandro Querejeta Barceló, apreciados ciudadanos de nuestra América, deben conocer bien aquello que decía el Cosmopolita, respecto a los que no tienen algo de Quijote.

Por eso avanzan, lanza en ristre, con sueños editoriales en beneficio de todos y ahora, con el apoyo del municipio de Guayaquil, nos presentan el Proyecto Montalvo.

Ojalá, y para satisfacer una deuda de gratitud que mantenemos con alta e inaceptable morosidad, se pueda, con su esfuerzo, comenzar a pagar.

(Y es que Montalvo, salvo residuos de esfuerzos editoriales previos, se ha vuelto inasequible.)

Pero más que solo eso, siendo algo, lo de fondo es la deuda con sus ideales. Conociéndolos, tal vez nos decidamos a volver a constituirlos en esencia de nuestra condición de ecuatorianos y los asumamos como práctica cotidiana.

Decían los escritores arriba citados y en el Salón de la Ciudad, bajo la inteligente y amable conducción de María Gloria Cornejo, que esos ideales eran fundamentalmente: Libertad, República y Razón.

Pues bien, sobre esos pilares de la vida democrática, a partir de una biografía escrita por Querejeta para poner a don Juan al descubierto en su enorme condición humana, destacando fundamentalmente su vena de pensador ilustrado con vuelos filosóficos, y una recopilación de las mejores páginas bajo el criterio experto de Michelena, acaban de aparecer los dos primeros tomos.

Es bueno que en el Ecuador resuene la palabra libertad y nos indigeste la indolencia. Bueno también que se acepte que ser república y mantenerse como tal es una inexcusable responsabilidad ciudadana. Y que además, la razón coadyuve a entender, y por tanto a aceptar, que lo que se deja perder de libertad y república, se pierde del patrimonio que estamos obligados a entregar intacto, enriquecido, a las generaciones que nos sucederán.

Volver a leer al rebelde ambateño, al de la pluma de acero, despertará a muchos de su crónico aborregamiento, actuando como rebenque imperativo para sacudirlos de su modorra cívica, de su complaciente letargo…y verá Dios que es bueno.





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